LA MUJER A QUIEN DIOS UTILIZA

He creado este espacio para la mujer. Aquí compartiremos notas de aquella mujeres que Dios utilizó. Ellas nos guiaran en la Biblia a saber como es es la mujer a quién Dios utiliza. Dios quiere utilizarnos a todas. Mirta Barolo.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

EL CÁNTARO OLVIDADO Y EL AGUA DE VIDA.

REFLEXIÓN

San Juan: Capítulo 4.

EL CANTARO OLVIDADO Y EL AGUA VIVA

Introducción
Aquí encontramos a Jesús en una situación muy especial, de alguna manera estaba huyendo de los fariseos que no cesaban de perseguirlo y estaba cansado, al punto de tener que pasar por la misma ciudad de Samaria, donde los samaritanos odiaban a los judíos; así como los judíos a los samaritanos.

Aunque eran un mismo pueblo, pero cuando en un tiempo se decidió reconstruir el templo que Salomón había construido y las invasiones habían destruido, un grupo de ellos se sublevó porque querían construirlo allí en El Monte Gerizim y los otros en Jerusalén, esto los condujo, no solo a la separación, sino al odio acérrimo. Por esto los Judíos no pasaban por Samaria, daban una enorme vuelta bordeando el rió Jordán para ir a Galilea.





1 “Cuando, pues, el Señor entendió que los fariseos había oído decir; Jesús hace y bautiza más discípulos que Juan2 (aunque Juan no bautizaba, sino sus discípulos),
3 Salió de Judea, y se fue otra vez a Galilea.
4 Y le era necesario pasar por Samaria.  5 Vino, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, Junto la l heredad  que Jacob dio a su hijo José. 6  Y estaba allí el pozo de Jacob, entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era  como la hora sexta. 7 Vino una mujer de samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber….” La Biblia versión Reina Valera 1960

El cansancio de Jesús era tal que decidió acortar el camino. Llegó al pozo y se sentó allí, con una gran necesidad de tomar agua.

Y como dice La Palabra de Dios llegó una mujer samaritana, ella era una mujer despreciada no solo por los Judío; sino por los mismos samaritanos. Tal era el desprecio que no le dejaban sacar agua de los pozos de la ciudad y tenía que ir a ese antiguo pozo, caminando un tramo bastante considerable.

Así llegó con su cántaro, cansada, era la hora sexta o sea a medio día y el sol  la agobiaría más de lo que la vida la había agobiado. Despreciada, solitaria, cargando en sus espalda no solo el cántaro; sino sus fracasos, las críticas de su propio pueblo; todo producto del mal camino que ella había elegido.

La gran sorpresa

Así se  sorprende cuando ve a un hombre Judío que le pide agua.

Vrs.7-“…y Jesús le dijo dame de beber.” ¡La mujer se sorprende tanto! Que le responde en el versículo 9 “¿Cómo tu siendo judío, me pides a mi de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre si.”

La mujer no ve en Él  la necesidad porque su mente ya estaba minada por el racismo y el desprecio por los judíos y le sorprende que él le pida agua, quizás no observó que Jesús no tenía con que sacar agua, cosa que se dio cuenta después de que El comienza a dialogar con ella.

Sus ojos estaban velados  por lo asombroso de la situación, en esa época las mujeres apenas podía dirigirse a su marido; mucho menos a un extranjero.

Jesús olvida su propia necesidad

Vrs. 10 “Respondió Jesús y le dijo: Si conocieres el don de Dios, y quién es el que te dice: dame de beber; Tú le pedirías, a él y el te daría el agua viva”.

 Cualquier hombre sediento, cansado hubiera insistido en saciar su sed y le insistiría en la orden de que le alcance agua; por el solo hecho de saciar su propia necesidad, pero Jesús había sido entrenado cuarenta días en el desierto y sabía soportar la sed y la tentación de mirar para otro lado, cuando veía que el Padre era quien lo había dirigido por ese camino, hacia esa mujer.

Olvidando su necesidad piensa en la confusión de esta mujer y comienza a ver el propósito de Dios en la vida de ella.
La deja hablar y cuestionarlo,  la lleva a declarar su necesidad de conocer a Dios, saber cual era la confusión que había en su vida en cuanto a Dios y la espera de la llegada de la salvación.

De la ironía a la revelación

Vrs.11 “la mujer dijo: Señor, no tiene con qué sacarla y el pozo es hondo.
¿De dónde, pues, tienes el agua viva? V12 “¿Acaso eres tu mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron el, sus hijos y sus ganados?”

Esta mujer estaba desmereciendo la figura de Jesús, lo está viendo como un hombre cansado que realmente no tenía con que sacar el agua, e ironiza con el. Muchas veces cuando nosotras vamos a hablar de Jesús, nos encontramos con personas que realmente se burlan abiertamente porque quizás nos ven débiles, cansadas, por todas las tareas de una mujer, tal vez con carencias, enfermedades, y pruebas. Esta es la actitud que tiene la samaritana frente a Jesús.

 Nosotras nunca debemos dudar de que dentro de nuestro corazón, está esa fuente de agua viva y es el mismo Señor que con nuestra necesidad nos está acercando a otra persona que quizás, como ocurre en los versículos siguientes la misma siga hablándonos con ironía. Allí debemos recordar la primera vez que a nosotras nos hablaron de Jesús. Quizás nosotras fuimos igual que la mujer samaritana.  Pero nunca olvidemos la ternura con la que Jesús nos habló. En el versículo siguiente podemos ver esa ternura.

Vrs.13 “Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; Vrs.14 más el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en el una fuente de agua que salte para vida eterna.” Vrs15 “La mujer le dijo, Señor dame de esa agua, para que yo no tenga sed ni venga aquí a sacarla.”

LA REVELACIÓN

Vrs 16Jesús le dijo: Ve llama a tu marido, y ven acá. Vrs.17.Respondió la mujer y dijo: No tengo marido. Jesús le dijo: Bien has dicho, no tengo marido; Vrs.18 porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad. Vrs19. Le dijo la mujer: Señor, me parece que tú eres profeta.

Hasta aquí vemos como Jesús la deja mofarse. Pero en el versículo 16 Jesús comienza a revelarse con autoridad, con esa autoridad que venía del padre.
En realidad entra en una charla teológica, que ningún hombre hubiera tenido y menos con una mujer. 
 Le dice que llame a su marido y allí la confronta con su realidad, diciéndole que cinco maridos habían tenido y que el que tenía no era el de ella.¡ Es tanto el impacto que siente esta mujer! que allí reconoce que no estaba en la presencia de cualquier hombre, pero aún así, ella continúa dudando de Jesús, le muestra su duda al decirle me parece que tu eres profeta, y sigue mostrando su interés por la salvación, vrs.19-25. Continúa una charla más intensa haciendo preguntas, cómo y dónde y de dónde iba a venir la salvación, adónde tenía que adorar.

Muchas veces nos va a pasar, que nos vamos a encontrar con mujeres, hombres o niños que no saben a donde ir a causa de tanta división de las iglesias, las doctrinas, las teologías propias de los hombres.

Solamente esa autoridad que Jesús había recibido del Padre, en una total dependencia en la oración, pidiendo la guía de Dios, para todo lo que tenía que hacer aquí en la tierra, es lo que como mujeres necesitamos. Oración y presencia de Dios, para que nos revele dónde y cuándo tenemos que hablar para quitar ese velo que hay en el mundo que no los deja ver a Jesús.

En el versículo veinticinco la mujer hace una pregunta, diciéndole que ella sabía que iba a venir el Mesías el Cristo y que cuando el viniera les revelaría todas las cosas. En el 26, Jesús es claro y le contesta con seguridad “Yo soy el que habla contigo”. Fue tal el impacto y la alegría de ella, que olvidó su cántaro en el pozo, que corrió a compartirlo con todos los que la despreciaban, contándoles la maravilla que había encontrado. Muchos creyeron y fueron a invitar a Jesús a entrar en Samaria.

Jesús entró y muchos se convirtieron, por una mujer que cambió un cántaro por la fuente de agua viva.

Para pensar:
Muchas veces Dios pone una necesidad en nosotras para llevarnos a aquellos que no tienen a Jesús. Vivamos en su presencia aún en medio de esa necesidad, adorándole y orando por un mundo que cada día está más confundido.













MIRTA BAROLO DE ACUÑA.




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