REFLEXIÓN
San Juan: Capítulo 4.
EL
CANTARO OLVIDADO Y EL AGUA VIVA
Introducción
Aquí encontramos a Jesús en una
situación muy especial, de alguna manera estaba huyendo de los fariseos que no
cesaban de perseguirlo y estaba cansado, al punto de tener que pasar por la
misma ciudad de Samaria, donde los samaritanos odiaban a los judíos; así como
los judíos a los samaritanos.
Aunque eran un mismo pueblo, pero
cuando en un tiempo se decidió reconstruir el templo que Salomón había
construido y las invasiones habían destruido, un grupo de ellos se sublevó
porque querían construirlo allí en El Monte Gerizim y los otros en Jerusalén,
esto los condujo, no solo a la separación, sino al odio acérrimo. Por esto los
Judíos no pasaban por Samaria, daban una enorme vuelta bordeando el rió Jordán
para ir a Galilea.
1 “Cuando, pues, el Señor
entendió que los fariseos había oído decir; Jesús hace y bautiza más discípulos
que Juan2 (aunque Juan no bautizaba, sino sus discípulos),
3 Salió de Judea, y se fue
otra vez a Galilea.
4 Y le era necesario pasar
por Samaria. 5 Vino, pues, a una ciudad
de Samaria llamada Sicar, Junto la l heredad
que Jacob dio a su hijo José. 6 Y
estaba allí el pozo de Jacob, entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así
junto al pozo. Era como la hora sexta. 7
Vino una mujer de samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber….” La
Biblia versión Reina Valera 1960
El cansancio de Jesús era tal que
decidió acortar el camino. Llegó al pozo y se sentó allí, con una gran
necesidad de tomar agua.
Y como dice La Palabra de Dios
llegó una mujer samaritana, ella era una mujer despreciada no solo por los
Judío; sino por los mismos samaritanos. Tal era el desprecio que no le dejaban
sacar agua de los pozos de la ciudad y tenía que ir a ese antiguo pozo,
caminando un tramo bastante considerable.
Así llegó con su cántaro, cansada,
era la hora sexta o sea a medio día y el sol
la agobiaría más de lo que la vida la había agobiado. Despreciada,
solitaria, cargando en sus espalda no solo el cántaro; sino sus fracasos, las
críticas de su propio pueblo; todo producto del mal camino que ella había
elegido.
La
gran sorpresa
Así se sorprende cuando ve a un hombre Judío que le
pide agua.
Vrs.7-“…y
Jesús le dijo dame de beber.” ¡La mujer se sorprende tanto! Que le
responde en el versículo 9 “¿Cómo tu siendo
judío, me pides a mi de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos
no se tratan entre si.”
La mujer no ve en Él la necesidad porque su mente ya estaba minada
por el racismo y el desprecio por los judíos y le sorprende que él le pida
agua, quizás no observó que Jesús no tenía con que sacar agua, cosa que se dio
cuenta después de que El comienza a dialogar con ella.
Sus ojos estaban velados por lo asombroso de la situación, en esa época
las mujeres apenas podía dirigirse a su marido; mucho menos a un extranjero.
Jesús
olvida su propia necesidad
Vrs. 10 “Respondió
Jesús y le dijo: Si conocieres el don de Dios, y quién es el que te dice: dame
de beber; Tú le pedirías, a él y el te daría el agua viva”.
Cualquier
hombre sediento, cansado hubiera insistido en saciar su sed y le
insistiría en la orden de que le alcance agua; por el solo hecho de saciar su
propia necesidad, pero Jesús había sido entrenado
cuarenta días en el desierto y sabía soportar la sed y la tentación de mirar
para otro lado, cuando veía que el Padre era quien lo había dirigido por ese
camino, hacia esa mujer.
Olvidando su necesidad piensa en la
confusión de esta mujer y comienza a ver el propósito de Dios en la vida de
ella.
La deja
hablar y cuestionarlo, la lleva a
declarar su necesidad de conocer a Dios, saber cual era la confusión que había
en su vida en cuanto a Dios y la espera de la llegada de la salvación.
De
la ironía a la revelación
Vrs.11 “la
mujer dijo: Señor, no tiene con qué sacarla y el pozo es hondo.
¿De dónde, pues, tienes el agua viva? V12 “¿Acaso
eres tu mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron
el, sus hijos y sus ganados?”
Esta mujer estaba desmereciendo la
figura de Jesús, lo está viendo como un hombre cansado que realmente no tenía
con que sacar el agua, e ironiza con el. Muchas
veces cuando nosotras vamos a hablar de Jesús, nos encontramos con personas que
realmente se burlan abiertamente porque quizás nos ven débiles, cansadas, por
todas las tareas de una mujer, tal vez con carencias, enfermedades, y pruebas.
Esta es la actitud que tiene la samaritana frente a Jesús.
Nosotras nunca debemos dudar de que dentro de
nuestro corazón, está esa fuente de agua viva y es el mismo Señor que con
nuestra necesidad nos está acercando a otra persona que quizás, como ocurre en
los versículos siguientes la misma siga hablándonos con ironía. Allí debemos
recordar la primera vez que a nosotras nos hablaron de Jesús. Quizás nosotras
fuimos igual que la mujer samaritana. Pero nunca olvidemos la ternura con la que Jesús nos habló.
En el versículo siguiente podemos ver esa ternura.
Vrs.13 “Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que
bebiere de esta agua, volverá a tener sed; Vrs.14 más el que bebiere del agua
que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en el
una fuente de agua que salte para vida eterna.” Vrs15 “La mujer le dijo, Señor
dame de esa agua, para que yo no tenga sed ni venga aquí a sacarla.”
LA REVELACIÓN
Vrs 16Jesús le dijo: Ve llama a tu marido, y ven
acá. Vrs.17.Respondió la mujer y dijo: No tengo marido. Jesús le dijo: Bien has
dicho, no tengo marido; Vrs.18 porque cinco maridos has tenido, y el que ahora
tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad. Vrs19. Le dijo la mujer:
Señor, me parece que tú eres profeta.
Hasta aquí vemos como Jesús la deja
mofarse. Pero en el versículo 16 Jesús comienza a revelarse con autoridad, con
esa autoridad que venía del padre.
En
realidad entra en una charla teológica, que ningún hombre hubiera tenido y
menos con una mujer.
Le dice que llame a su marido y allí la
confronta con su realidad, diciéndole que cinco maridos habían tenido y que el
que tenía no era el de ella.¡ Es tanto el impacto que siente esta mujer! que
allí reconoce que no estaba en la presencia de cualquier hombre, pero aún así,
ella continúa dudando de Jesús, le muestra su duda al decirle me parece que tu
eres profeta, y sigue mostrando su interés por la salvación, vrs.19-25.
Continúa una charla más intensa haciendo preguntas, cómo y dónde y de dónde iba
a venir la salvación, adónde tenía que adorar.
Muchas
veces nos va a pasar, que nos vamos a encontrar con mujeres, hombres o niños
que no saben a donde ir a causa de tanta división de las iglesias, las
doctrinas, las teologías propias de los hombres.
Solamente esa autoridad que Jesús
había recibido del Padre, en una total dependencia en la oración, pidiendo la
guía de Dios, para todo lo que tenía que hacer aquí en la tierra, es lo que como
mujeres necesitamos. Oración y presencia de Dios, para que nos revele dónde y
cuándo tenemos que hablar para quitar ese velo que hay en el mundo que no los
deja ver a Jesús.
En el versículo veinticinco la
mujer hace una pregunta, diciéndole que ella sabía que iba a venir el Mesías el
Cristo y que cuando el viniera les revelaría todas las cosas. En el 26, Jesús
es claro y le contesta con seguridad “Yo soy el que habla contigo”. Fue tal el
impacto y la alegría de ella, que olvidó
su cántaro en el pozo, que corrió a compartirlo con todos los que la
despreciaban, contándoles la maravilla que había encontrado. Muchos creyeron y
fueron a invitar a Jesús a entrar en Samaria.
Jesús entró y muchos se
convirtieron, por una mujer que cambió un cántaro por
la fuente de agua viva.
Para pensar:
Muchas veces Dios pone una
necesidad en nosotras para llevarnos a aquellos que no tienen a Jesús. Vivamos
en su presencia aún en medio de esa necesidad, adorándole y orando por un mundo
que cada día está más confundido.
MIRTA
BAROLO DE ACUÑA.

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